Desde que se concibió, Guzina Oaxaca ha sido un punto de encuentro de la cultura oaxaqueña. Este restaurante, comandado por el chef Alejandro Ruiz, funciona como una suerte de embajada dentro de la Ciudad de México. Por esta razón, fue el escenario ideal para celebrar la esencia artística de este estado a lado de grandes maestros, tanto artísticos como gastronómicos.

Se trató de una exclusiva exposición de arte con obras a la venta seguida de una cena degustación organizada por Guzina Oaxaca, Colectivo Oaxaca Cultural y Food and Travel México. La finalidad de este evento fue mostrar el patrimonio cultural de Oaxaca a través de sus formas, texturas, colores y sabores, además de apoyar a las comunidades oaxaqueñas, ya que parte de lo recaudado por la venta de arte fue donado a la asociación Oaxaca Cultural.

“La única finalidad es apoyar a más oaxaqueños. Estamos haciendo diversos proyectos en la Sierra Mixe y la Sierra Mixteca. Con el apoyo de todos nuestros padrinos, como el chef Alejandro, y los asistentes podemos sacar adelante estas iniciativas”, comentó durante la bienvenida Ixchel Castellón, directora ejecutiva de este colectivo.

Colectivo Oaxaca Cultural Alebrijes

 

With a mezcal Lovers in hand, the audience could appreciate the talent of the stars of the night. In the center of the space, they looked alebrijes of James, who seeks to convey the heritage of the Zapotec culture in each of its carved wood copal to be hand painted with natural dyes, such as resin, cochineal, lime, lemon figures. “Considering what lives Oaxaca at this time, this event becomes a point of sale promotion and to bring bread to our communities. Oaxaca has something very cute: this craftsmanship is hereditary, transmitted from father and son. Therefore, the workshops are familiar and are basic in every town. And this way you can survive and promote our heritage, “said James who spent 35 years doing this kind of craftsmanship.

Barrao Negro Oaxaca Colectivo Cultural

Con un mezcal Los Amantes en mano, los asistentes pudieron apreciar el talento de los protagonistas de la noche. En el centro del espacio, lucían los alebrijes de Jacobo, quien busca transmitir la herencia de la cultura zapoteca en cada una de sus figuras talladas de madera de copal para ser pintadas a mano con tintes naturales, como resina, cochinilla, cal, limón. “Considerando lo que vive Oaxaca en este momento, este evento se vuelve unpunto promoción y de venta para llevar pan a nuestras comunidades. Oaxaca tiene algo muy lindo: este trabajo artesanal es hereditario, se transmite de padre e hijo. Por eso, los talleres son familiares y son básicos en cada pueblo. Y de esta manera se puede sobrevivir y promover nuestra herencia”, dijo Jacobo quien lleva 35 años haciendo este tipo de artesanía.

Por otro lado, en las paredes se encontraban colgados diversos grabados, elaborados en el Taller de Grabado FSG, de Fernando Sandoval, uno de los talleres más famosos de Oaxaca e incluso de México, con más de 25 años de experiencia. Se trata de una eminencia, es el hombre más reconocido en cuestión de grabado en Oaxaca y por eso los grandes maestros trabajan con él y con nadie más. La importancia de este taller radica en que el grabador es el que le da el toque final a la obra, termina de definirla. Fernando conversó con algunos de los invitados, quienes admiraban las piezas de Francisco Toledo, Sergio Hernández y Eddy Martínez.

Oaxaca Food

 

Y por último, el tzompantli, los hombres que piensan en la sabiduría y en el amor posando sobre cráneos y las cinco abuelitas que representan la antigüedad de la cultura zapoteca mostraron la genialidad del escultor Carlomagno, quien desde los cuatro años moldea completamente a mano el barro negro.

“Saliéndome de la artesanía tradicional de vasijas y cantaros, busco transmitir la historia de México, sus cuentos y leyendas”,

afirma este artista originario de San Bartolo Coyotepec. “Hay una efervescencia de la cultura oaxaqueña. Las diferentes expresiones artísticas se van fortaleciendo con este tipo de eventos e introducción a los medios electrónicos e impresos; nos están fortificando”, afirmó con una sonrisa.

Después de contemplar a Oaxaca desde su arte, los invitados la degustaron a través de un menú preparado por Alejandro Ruiz. Este chef demostró una vez más que la gastronomía es otro tipo de arte, un oficio que requiere de una cierta habilidad para sorprender en este caso a los paladares. Y para redondear aún más la experiencia, el maridaje estuvo a cargo de la vinícola más antigua de América, de Casa Madero.

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Para abrir boca, llegó a la mesa una vasta entrada de quesos oaxaqueños, tanto frescos como curados, de la empresa Ricardi situada en Ocotlán. Los quesos botaneros, de cabra (con chintextle, con ceniza y añejo por 4 meses) y un intruso, un queso menonita, se acompañaron con flores de calabaza rellenas de requesón y compota de membrillo. Siguió una ensalada de jitomates de riñón (conocidos como heirloom) rostizados con un unto de chapulines, quintoniles, semillas de calabaza y vinagreta de chapulín. Ambos platos fueron armonizados con el vino blanco de uva chardonnay. Así, este vino seco, pero muy fresco y frutal, resaltó lo cremoso de los quesos y la acidez de los jitomates.

Como plato de fuerte, el filete de dorado con mole verde preparado con guaje, hoja santa y hierba de conejo, coronado con setas salteadas y chicharrón, resultó una delicia. Con mucho volumen en boca, según los maestros artesanos, aficionados a la cultura oaxaqueña y sibaritas quedó a la perfección con el vino Reserva, un tinto de cabernet suavignon y merlot, con 12 meses en barrica. Por último, el pan de elote con helado de coco fue el broche de oro de entrañable velada.

Con este menú busqué estar al nivel del evento de hoy: la presencia de Oaxaca. Viene lo mejor de la expresión artística del estado, por lo que me siento halagado de que me hayan tomado en cuenta para esto. La idea es transmitir sabores oaxaqueños con ingredientes oaxaqueños preparados con técnicas más de vanguardia”, reveló el chef Ruiz, quien cerró el restaurante y lo dejó completamente para el evento.

Es lo que tenemos que hacer y más ahora con la situación que se vive en Oaxaca. Es un respiro”, finalizó Alejandro. Sin duda, este despliegue artístico no solo se convirtió en un esfuerzo loable sino en un deleite para todos los sentidos

Fotos: Charly Ramos

Fuente:  Food &Travel