Aventurándose en la región de la cañada, a 130 km de la ciudad de Oaxaca y al norte de San Juan Bautista Cuicatlán, se encuentra San Pedro Jocotipac; una hermosa comunidad indígena que mantiene su vínculo con la naturaleza, saberes y tradiciones, donde el pasado 7 y 8 de noviembre tuvo lugar el Cuarto Festival de la Guacamaya Verde.

Una gama de verde y amarillo pintan los montes y campos sembrados de trigo, maíz y cempaxúchitl que rodean el camino que lleva Jocotipac. Como el bosque de enebros y encinos que rodea el poblado, los habitantes de Jocotipac nos recibieron con los brazos abiertos para todas las actividades que tenían planeadas en el festival.

La comunidad entera con ayuda de VIDAS A.C., organizaron este festival donde tuvimos la fortuna de conocer ese misterioso bosque de encinos; de degustar la gastronomía típica de la región (sus deliciosas tortillas y atole de trigo). De aprender el tejido de palma a mano de los artesanos, así como participar en el trabajo de reforestación de encino y enebro. Y por supuesto, la oportunidad de conocer el cañón El Sabino, recinto y lugar de anidación de la Guacamaya Verde (Ara Militaris) especie en peligro de extinción.

Todas estas actividades formaron parte de la consciencia que se busca despertar en los visitantes. Reconocemos la comprometida labor de los biólogos Gladis Reyes, Sadot Vázquez y Nayelli Martínez, la organización de las autoridades locales, y la unión y disposición de la comunidad para abrirse al turismo comunitario.

Ya que en Oaxaca Cultural A.C. nos interesamos y apoyamos el geoturismo, de mano de VIDAS A.C. y la comunidad de San Pedro Jocotipac, desarrollaremos dentro de nuestras rutas culturales una que promueva las maravillas naturales y humanas que podemos descubrir en La Cañada.

Los integrantes de Oaxaca Cultural A.C. que tuvimos la fortuna de asistir, queremos agradecer cordialmente a toda la comunidad de San Pedro Jocotipac y a VIDAS A.C., por haber realizado al Cuarto Festival de la Guacamaya Verde y lograr una feliz y fraternal estancia.

Especialmente gracias a la familia Diego Mendoza, quienes nos recibieron con los brazos abiertos, con historias de vida, con el calor de su compañía y hogar.